Mirador
Armando Fuentes Aguirre
A los 40 años de su edad John Dee conoció por primera vez a una mujer.
A varias había conocido ya, pero a ésta la conoció bíblicamente, en el sentido en que, por ejemplo, dice el Génesis: ’Conoció Adán a su mujer Eva…’.
Jamás había experimentado Dee un gozo igual, ni siquiera cuando consiguió finalmente descifrar el Poema de Parménides o cuando dio con la significación de la misteriosa voz ’abracadabra’. Supo que había hallado el más bello de todos los poemas y el más hondo de todos los misterios. Sintió a la vez tristeza y alegría. Tristeza por haber pasado su juventud sin conocer el amor de cuerpo y alma; alegría por saber que la vida habría de ofrecerle más conocimientos como ése, superior mil veces al de todos los de la astrología, la alquimia o la filosofía.
John Dee dio gracias a la naturaleza por algo que es tan hermosamente natural. Y dio gracias a Dios por algo que es tan hermosamente sobrenatural.
¡Hasta mañana!...